|
Este libro no fue escrito para atacar o criticar al pueblo católico. Mi
esposa y yo nacimos y crecimos en hogares católicos; por tanto,
comprendemos lo que piensa y siente el católico romano común
respecto a su religión.
Hubo dos razones que me motivaron a escribir este libro. Primero, mostrar que
el catolicismo romano no es bíblico. Es una religión con tradiciones
de hombres que violan las Escrituras a cada momento.
Segundo, deseo que usted experimente la libertad y la paz que mi esposa y yo
encontramos, esto es, cuando al poner nuestra esperanza de salvación
sólo en Jesucristo, rompimos las cadenas que nos ataban a la
Iglesia Católica.
Miles de personas que antes fueron católicas han experimentado esta misma
libertad y paz.
Nací y crecí en la religión católica romana. Fui
bautizado, y cumplí con los sacramentos de la Primera Comunión
y Confirmación. Durante mis años escolares, asistía
semanalmente a las clases de instrucción religiosa y, cada domingo
iba a misa. Confesaba mis pecados a un sacerdote y comulgaba regularmente.
A los 18 años ingresé a la armada de los Estados Unidos, y
así dejé mi hogar y la Iglesia Católica. Mientras
hacía el servicio militar, un amigo me invitó a una iglesia que
no era católica. Aunque al principio me resistí, decidí
ir sólo una vez.
Nunca me olvidaré de ese primer servicio religioso. Cuando el pastor
predicaba, parecía que se dirigía a mí. Al terminar
su sermón, invitó a que pasaran adelante quienes deseaban
arrepentirse de sus pecados y tener la salvación eterna.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Sabía que algo
poderoso estaba sucediendo. Sin embargo, me quedé inmóvil en
mi asiento.
Esa mañana el pastor terminó el servicio con las siguientes
palabras: "Creo que hoy alguien dijo no a Jesucristo. Mi oración es
que usted no muera antes de que tenga otra oportunidad para recibirlo como
Salvador. De lo contrario, pasará la eternidad separado de Dios". Yo
sabía que se refería a mí.
Después de unos segundos, los latidos de mi corazón se calmaron.
Sabía que Dios me había hablado, y le había dicho no:
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la
puerta, entraré a él, y cenaré con él, y
él conmigo". Apocalipsis 3:20
Unos días después, mi amigo me invitó para ir al
siguiente servicio de la iglesia. Cuánto deseaba que llegara el
domingo. El pastor predicó, y cuando estaba terminando su sermón,
nuevamente mi corazón comenzó a latir con fuerza. Cuando
el pastor hizo la invitación, salté de mi asiento.
Un joven abrió su Biblia y me mostró cómo podía
recibir el regalo de la vida eterna. Leyó varios versículos
para mostrarme que todos somos pecadores y necesitamos un Salvador. Me
explicó cómo Jesucristo pagó en la cruz el precio
completo por nuestros pecados.
Me dijo que podía arrepentirme de mis pecados y pedir, por fe, que
Jesucristo viniera a mi corazón y fuera mi Señor y Salvador
personal.
Con mis propias palabras reconocí ante Dios que era pecador y que
merecía el infierno, pero que deseaba ir al cielo. Entonces invité
a Jesucristo para que entrara a mi corazón y me salvara.
No puedo explicar lo que sentí en esos momentos, pero parecía que
habían quitado un peso enorme de mis hombros. Al instante supe que ya
era libre. También supe que Cristo había venido a mi
corazón y que me había hecho una nueva persona. Una vida de
buenas obras nunca habría logrado el milagro que sucedió en
esos momentos.
Eso ocurrió hace más de 20 años, y aunque muchas veces fui
infiel al Señor, El nunca fue infiel ni me abandonó. Hoy El
es más real y más precioso para mí que nunca antes.
No cambiaría mi lugar con nadie ni renunciaría a Jesucristo por
nada de lo que este mundo pueda ofrecer.
Amigo católico, la misma libertad y gozo están a su alcance. Hoy
mismo usted puede recibir a Cristo como su Salvador. Ya ha leído la
verdad y ahora puede ser hecho libre:
"Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres".
Juan 8:32
La maravillosa bondad de Dios lo está dirigiendo al arrepentimiento y
salvación:
"¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad,
ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?"
Romanos 2:4
Dios quiere que usted sea salvo hoy:
"He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día
de salvación".
2 Corintios 6:2
Si desea ser hijo de Dios, incline su cabeza y hable a Dios de todo
corazón. En sus propias palabras haga una oración como esta:
"Señor Jesús, reconozco que soy pecador. Me arrepiento de todos
mis pecados, y te pido que vengas a mi corazón y me salves.
Me arrepiento de haber confiado en una religión falsa que exige buenas
obras para ganar la salvación. Sé que Tú pagaste en la
cruz el precio por todos mis pecados. Rechazo las enseñanzas del
catolicismo y pongo toda mi confianza sólo en ti.
De hoy en adelante, tu Palabra será la autoridad final en mi vida,
y no las tradiciones de la Iglesia Católica.
Gracias, Señor, por salvarme y por darme el regalo de la vida eterna.
En el nombre de Jesús. Amén".
Si usted ha dicho una oración similar a esta de todo corazón,
la promesa de la Palabra de Dios es que usted ya es hijo y miembro de la familia
de Dios:
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios".
Juan 1:12
Amigo, este libro fue escrito para que usted pudiera conocer y ser convencido
por Dios acerca de la verdad de este mensaje. Reciba el regalo de la vida eterna.
Solamente así experimentará el gozo y la paz de saber que sus
pecados son perdonados.
Mi oración tiene dos propósitos:
- Primero, que comience una relación personal
con Dios y experimente la verdadera libertad
que sólo Cristo puede dar.
- Segundo, que sea liberado de las ataduras de
la Iglesia Católica.
Este libro no fue escrito para criticarlo, sino para guiarlo a estas verdades
maravillosas. Que Dios le bendiga al iniciar su nueva vida en El:
"Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre
de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación".
Santiago 1:17

|