“Una persona
infiel es aquella que le es desleal a alguien con quien mantiene
una relación o tiene un compromiso y es sinónimo de engaño y
traición.
La
infidelidad es uno de los grandes males
que enfrentan los
matrimonios modernos y más ahora con la posibilidad que el
Internet brinda de conocer y estar en contacto con personas
alrededor del mundo.
No se sabe si
eres infiel por el hecho de pensar sexualmente en alguien que no
es tu pareja; para algunos no hay traición si el acto no se
consuma físicamente y para otros sólo basta con la intención.”
Así inicia un
artículo que leí acerca de la INFIDELIDAD VIRTUAL, ya que trata
específicamente el caso de los amoríos que surgen por medio de
la comunicación en Internet, ya sea mediante la conversación en
línea y en tiempo real conocida como CHAT, o por la no menos
socorrida comunicación a través del correo electrónico. La
realidad es que hoy en día hay muchos hombres y mujeres casados
tienen novios y novias virtuales con quienes mantienen estrecha
comunicación a través de este medio y de quienes con el tiempo
llegan a enamorarse a tal grado que lo que empezó como un juego
o una aventura “inocente” se convierte en una relación real,
llegan a conocerse personalmente (aun estando en países
diferentes) arruinando sus matrimonios actuales e iniciando
nuevos concubinatos que terminan en la mayoría de las veces en
nuevos fracasos.
¿Qué motiva a
practicar la infidelidad?, en buena medida es la falta de
satisfacción con la pareja, y no necesariamente me refiero al
aspecto sexual, que aunque juega un papel importante, no lo es
todo. Leamos que dice la Biblia respecto de la pareja de casados
en el capítulo 5 de la epístola a los Efesios:
1Sed,
pues, imitadores de Dios como hijos amados.
2Y andad en amor,
como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por
nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
3Pero
fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun
se nombre entre vosotros, como conviene a santos; 4ni
palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no
convienen, sino antes bien acciones de gracias. 5Porque
sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o
avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de
Cristo y de Dios. 6Nadie os engañe con
palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios
sobre los hijos de desobediencia. 7No seáis, pues,
partícipes con ellos. 8Porque en otro tiempo erais
tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor;
andad como hijos de luz
9(porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia
y verdad), 10comprobando lo que es agradable al
Señor. 11Y no
participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más
bien reprendedlas; 12porque vergonzoso es aun hablar
de lo que ellos hacen en secreto. 13Mas
todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son
hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.
14Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y
levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.
15Mirad,
pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como
sabios, 16aprovechando bien el tiempo, porque los
días son malos. 17Por tanto, no seáis
insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del
Señor. 18No os embriaguéis con vino, en lo cual hay
disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, 19hablando
entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales,
cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20dando
siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de
nuestro Señor Jesucristo.
21Someteos
unos a otros en el temor de Dios.
22Las
casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al
Señor; 23porque el marido es cabeza de la mujer, así
como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él
es su Salvador. 24Así que, como la iglesia está
sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos
en todo. 25Maridos,
amad
a vuestras mujeres, así
como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
26para santificarla, habiéndola purificado en el
lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de
presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese
mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin
mancha. 28Así también los maridos deben
amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su
mujer, a sí mismo se ama. 29Porque nadie
aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la
cuida, como también Cristo a la iglesia, 30porque
somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
31Por
esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su
mujer, y los dos serán una sola carne. 32Grande
es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la
iglesia. 33Por lo demás,
cada uno de vosotros ame también
a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
¿Es necesario
abundar más?, ¿No queda perfectamente claro la instrucción de
someterse en amor el uno al otro?, ¿No es claro que debemos
ejercitarnos en amor para con la pareja?
La falta de
satisfacción tiene que ver con la desobediencia a la instrucción
Bíblica de amar a la pareja, ambos consortes descuidan tan
preciado elemento en el matrimonio, dejan de cuidarse uno al
otro permitiendo que los problemas y las preocupaciones
cotidianas ocupen el lugar del amor.
Los hombres se
quejan de sus mujeres quienes les exigen “demasiado” y les
saturan de los problemas que durante el día tuvieron con los
hijos, con los vecinos, etc.. Les
acosan con la “urgente” necesidad de dinero para pagar las
deudas y para comprar esto y aquello, y además descuidan su
aspecto personal so pretexto de no poder arreglarse a si mismas
porque tienen que mantener en orden la casa.
Las mujeres se
quejan de sus esposos, que han dejado de ser cariñosos, ya no
hay un detalle, una flor, las frases “te quiero”, “te amo” son
parte de la historia, dedican demasiado tiempo a su trabajo y
cuando están en casa su única pasión es la televisión, son
incomprensivos, jamás ayudan en las labores del hogar y solo se
vuelven cariñosos cuando quieren ser “una sola carne”.
El terreno
sexual, se convierte en una mera rutina donde más de las veces
se trata de satisfacer la necesidad fisiológica de él, muchas
mujeres nunca han alcanzado el clímax, saben que existe pero
jamás lo han experimentado y sus esposos no les preocupa en lo
más mínimo. Ellos quieren que ella sea complaciente sin ocuparse
en lo que para ellas es importante a nivel emocional.
Bajo este
ambiente, es fácil ser infiel, los amantes (hombres o mujeres)
no exigen nada, solo ofrecen sexo, compañía y falsa comprensión,
no comparten los problemas del día, ni los sueños, ni los
planes, solo sexo.
La felicidad en
el matrimonio es absolutamente posible, si atendemos a la
recomendación de Dios, en el sentido de amarnos, el amor basa su
felicidad en la felicidad del cónyuge, el amor no busca lo suyo
sino lo del otro, amarse mutuamente involucra entre otras casas
la comprensión mutua, las muestras de afecto constantes, el
hombre debe conocer y comprender la naturaleza romántica de su
mujer, y la mujer debe por su parte conocer y comprender la
naturaleza objetiva de su hombre, ambos deben ceder, deben
hablar, y cuidarse a si mismos. El amor es un ejercicio de
voluntad donde ambos deciden amarse.
El hombre y la
mujer, cuya relación con Dios es firme y correcta, conoce su
responsabilidad de amar a su cónyuge, y no tiene necesidad de
otra pareja.
Cualquiera pues
que mantenga relaciones reales o virtuales con una tercera
persona, debe reflexionar acerca de su comunión con Dios,
entregar esa falta a Dios arrepintiéndose de corazón y
fortalecer su vida espiritual, y ocuparse en fortalecer su
relación de pareja, hablar sinceramente con su cónyuge sobre lo
que les agrada y les disgusta del otro y ambos poner de su parte
para corregir el rumbo en amor. El Matrimonio es una Institución
creada por Dios para nuestro regocijo, el sexo es un don hermoso
de Dios que debe disfrutarse plenamente en el matrimonio, y la
permanencia en unidad, debe ser para siempre.
Lee nuevamente el
capítulo 5 de Efesios, hazlo con calma, medita verso a verso y
evalúa tu vida delante de Dios. Cristo te ama y quiere que seas
feliz con la mujer o el varón que te ha dado en matrimonio. Ser
infiel es fallarle no solo a tu pareja sino a Dios, y “Dios
no puede ser burlado” pues “horrenda cosa es caer en
manos del Dios vivo”. (Gálatas 6:7, y Hebreos 10:31)
Dios te bendiga
