El divorcio es la separación legal por las leyes humanas de una
pareja previamente unida en matrimonio. Cuando una pareja
decide unir su vida en matrimonio, está haciendo un pacto para
toda la vida. Este pacto, aunque la pareja no lo reconozca, es
bendecido por Dios, pues el matrimonio es una Institución
divina, El lo creo como algo bueno para hombres, mujeres y
niños, y está bendecido por Dios. Según el plan perfecto de
Dios, la cabeza del hogar debe de ser el varón y la mujer la
ayuda idónea del varón. Ambos deben estar sujetos a la Cabeza
del varón que es Jesucristo. Cuando una pareja no tiene a Dios
en su vida, su matrimonio esta sujeto a todo tipo de ataques,
tentaciones, pruebas y fallas. Y cada vez es más común que las
parejas se casen pensando, “total, si falla, pues me divorcio, y
punto”. Quien así piensa, esta condenando su matrimonio al
fracaso. Dios estipuló que el matrimonio es para toda la vida,
“hasta que la muerte los separe”. Cuando una pareja tiene a
Dios en medio de ellos, su relación tiene autoridad y sabiduría
de lo alto para resolver toda clase de problemas que se
presenten. Nadie dice que los matrimonios cristianos están
exentos de pruebas, sino que de hecho, son el blanco predilecto
de Satanás quien siempre, desde el inicio de la creación ha
querido destruir el matrimonio, la familia y a los individuos
dentro de la creación de Dios.
“El marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de
la iglesia., la cual es su cuerpo y él es su Salvador..
Maridos, Amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la
iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Por lo
demas, cada uno de ustedes ame
también a su mujer como a sí mismo .
La mujer respete a su marido. Someteos unos a otros en el TEMOR
DE DIOS”. Efesios 5: 23,33,21
El divorcio es la desobediencia al mandato del
apóstol y la expresión máxima de egoísmo del ser humano. Cuando
una persona piensa en divorciarse, está olvidando su primer
amor, y sobre todas las cosas, está olvidando al fruto de su
amor: Los Hijos. Ellos son los que más sufren el divorcio, y
cada uno de los hijos asimilará el divorcio de manera distinta.
Jesús nos habla del matrimonio en Mateo 19:4-6. El
versículo 6 dice así:
“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por lo tanto,
lo que Dios juntó, que no lo separe el hombre”.
Esto es una realidad física y espiritual. Separar a una pareja
que se ha unido en matrimonio, es como separar dos calcomanías
pegadas entre sí. El resultado será que una calcomanía se quede
con pedazos de la otra, y viceversa. Lo mismo ocurre en el
matrimonio. La pareja divorciada siempre tendrá a su ex cónyuge
tatuado en su cuerpo y espíritu, pues así lo estipulo Dios. Los
Hijos sufren de manera indecible el divorcio de los padres por
razones tanto físicas como espirituales. Cuando el hombre se va
de la casa, DEJA SU CASA AL DESCUBIERTO y un sinfín de ataques
se dejarán venir. Desde el acecho del que viene a robar, matar
y destruir, tentaciones, ataques sobre los hijos, sobre la
esposa, pues la cabeza se ha ido, y el cuerpo tardará mucho
tiempo en reacomodarse. La mujer tendrá que tomar el papel que
le corresponde únicamente al varón y esto, por ser desorden, NO
PROVIENE DE DIOS, pues Dios es un Dios de orden. Jesús nos dijo:
“Yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por
causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se
casa con la repudiada, adultera.” Mateo 19:9
Jesús nos
está hablando del adulterio, y la Biblia nos dice: “No
adulterarás”. Por lo tanto cuando un hombre o una mujer
abandona a su familia, para casarse
con otra(o), esta viviendo en pecado, y de ese pecado darán
cuenta. Son extremadamente pocos los casos en que el hombre
abandona a su mujer por que ella fornicó con otro. Por lo
general, el hombre abandona a su familia porque el mismo está
fornicando con otra, y de eso dará cuenta en el día del juicio.
Cuando los apóstoles le dicen a Jesús ute;s
“Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene
casarse”.. (Mateo 19:20),
Jesús les respondió:
“No todos son
capaces de recibir esto, sino a aquellos a quienes es dado”.
(Mateo 19:21).
El matrimonio y la familia es un Regalo de Dios dado
a los hombres, y no a todos, sino solo a aquellos que SON
CAPACES de llevarlo. Algún Día, cada uno de nosotros daremos
cuentas de lo que hicimos con el regalo que Dios nos
dió: El matrimonio y la familia.
Los hijos son los que más sufren la separación de
sus padres, y por lo general, se llenan de rencor y odio contra
la persona que los abandonó, pues en primer lugar se sienten
“menos” que sus compañeros, amigos, y en los casos de que existe
otra familia, se sienten humillados e inferiores que “los
otros”. En segundo lugar se sienten incapaces de inspirar amor
en sus padres, por lo tanto en los demás. Esto endurece el
corazón de las personas que han pasado por ahí, y un corazón
duro no puede percibir el Amor de Dios, mucho menos permiten que
Dios haga su obra en ellos. Por si fuera poco, esto producirá
raíces de amargura que repercutirán en su propia vida y
matrimonio. Si está en tu mente o corazón la idea de
divorciarte, haz un alto y considera las estadísticas que hablan
de las consecuencias de desobedecer a Dios y de nuestro egoísmo
por pensar únicamente en nosotros y en nuestro “bien” aparente:rente:
Los jóvenes que viven con sus padres solteros,
tienen 4 veces más problemas emocionales que los que viven con
ambos padres.
84% De los jóvenes tratados por psiquiatras, vienen
de hogares de padres divorciados.
75% de los jóvenes que cometen suicidio, vienen de
hogares destruidos.
35% de los hogares sin padre, tienen adolescentes
adictos a las drogas.
El departamento de Justicia de Estados Unidos reveló
que en sus cárceles, el 72% de asesinos, el 60% de violadores, y
el 70% de criminales provienen de hogares en los que el padre
los abandonó.
El plan de Satanás está dando sus frutos: Pero mayor es El que
está con nosotros, y el que nos alerta a no caer en las trampas
de Satanás contra la familia.
Si has reconocido el plan del destructor de la obra de Dios en
tu vida, repréndelo, arrepiéntete y pídele a Dios que restaure
tu familia, tu amor por tu cónyuge, que deshaga todo lazo
espiritual y emocional que atente contra tu matrimonio, y que
tome el control sobre tu vida, matrimonio y familia, para honra
del nombre del Hijo de Dios, Jesucristo, y para testimonio de
Su poder. Dios hará, porque esto, es conforme a Su voluntad para
tu vida, y la de tu familia.
En Su
nombre
EL DIVORCIO
Honroso sea en
todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los
fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.
(Hebreos 13.4)
El tema
de divorcio es sumamente importante y hasta un tanto
polémico, así que debemos partir desde el principio es decir
de la motivación a unirse en matrimonio.
La Palabra de Dios nos enseña
la preeminencia del amor, el apóstol Pablo cita en 1
Corintios 13:1
“Si
yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor,
vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe”.
Lo máximo es el amor, así que la única motivación aceptada
por Dios para unirse en matrimonio debe ser el amor. Cuando
por cualquier otra causa se une una pareja en matrimonio, se
cae en fornicación. No perdamos de vista que la Palabra de
Dios identifica tres tipos básicos de relación sexual entre
un hombre y una mujer, estas son el Adulterio, La
fornicación y la unidad en una sola carne motivo del sagrado
matrimonio. Por lo tanto cuando una pareja se une en
matrimonio por soledad, por presión social, por interés
económico o de cualquier otro tipo, por lástima, por
gratitud, por deseo sexual, etc., etc. Menos por amor, esa
pareja comienza una relación de fornicación, y no puede de
ninguna manera ser bendecida por Dios.
Las parejas que se unen en
matrimonio de esta manera, muy pronto comienzan a sufrir los
estragos de su error. Al poco tiempo de estar casados se dan
cuenta que no se toleran uno al otro y que lo que pudo ser
excitante o emocionante al principio, repentinamente dejó de
serlo y cada día que pasa se toleran menos.
Esta situación los lleva a
pensar en el divorcio y a menos que el Señor obre un milagro
en sus vidas, terminan separándose uno del otro,
lastimándose a sí mismos y a los hijos que hay de por medio.
Cuando
las personas que sufren esta experiencia NO SON CRISTIANOS,
y posteriormente conocen a Cristo y le aceptan como Señor y
Salvador, entonces son hechos nuevas criaturas,
“De
modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las
cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2
Corintios 5.17)”
las cosas viejas
pasaron y he aquí todas son hechas nuevas. Esta
transformación y renovación de su alma procede de Dios. Su
vida cambia y perciben las cosas desde un punto de visto
diferente pues el Espíritu de Dios mora en ellos. La primera
necesidad en su corazón es restaurar su matrimonio y que su
pareja también conozca a Cristo, en algunos casos esto ha
sido posible, sin embargo en muchos otros es casi imposible
pues la pareja ya tiene una nueva pareja o peor aun, no les
interesa reconciliarse con Dios.
En estas circunstancias
aquella nueva criatura quien ha sido redimida y perdonada
por el Señor Jesús, si así lo desea puede rehacer su vida
contrayendo el genuino matrimonio bendecido por Dios. Un
matrimonio con una persona Cristiana que comparte su fe en
Dios, y motivados exclusivamente por el amor. El tipo de
amor que describe 1 Corintios 13:4El
amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el
amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace
nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda
rencor; 6no se goza de la injusticia, mas se goza
de la verdad. 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo
lo espera, todo lo soporta. 8El amor nunca deja
de ser.
Y hacer una vida feliz
en el temor de Jehová Dios. Por supuesto que deberá velar
toda su vida por los hijos que haya procreado anteriormente
y además hacer todo lo posible por guiarles en los caminos
de Dios.
Por otro lado, esta el caso de
los matrimonios entre Cristianos, que saben todo esto,
conocen la Palabra de Dios, y pasado el tiempo dicen que no
hay mas amor entre ellos, algunos incluso se atreven a decir
que nunca hubo amor entre ellos, a efecto de aceptar que
vivieron en fornicación, pedir perdón y casarse de nuevo.
Para ellos que tenían el conocimiento pleno de lo que las
Sagradas Escrituras enseñan sobre el matrimonio y el lecho
sin mancilla, aplica Gálatas que dice
“No
os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el
hombre sembrare, eso también segará. (Gálatas 6.7)”.
Si ambos son
genuinos Cristianos deben ponerse en las manos de Dios y
pedir amor uno por le otro, amor que Dios les va a conceder,
pues no hay cabida para el divorcio entre los Cristianos, y
cuando uno de ellos cae en el pecado del adulterio, el Señor
acepta que se separe pero que se quede sin casar de nuevo,
animando con esto al perdón y a la restauración.
“Y
yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por
causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que
se casa con la repudiada, adultera (Mateo 19.9)”. “Pero a
los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el
Señor: Que la mujer no se separe del marido; 11y
si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su
marido; y que el marido no abandone a su mujer. (1 Corintios
7:10-11)”
En los casos donde solo uno es
Cristiano, es decir que se unió en yugo desigual pese a que
la Escritura instruye claramente sobre este particular, y
con el paso del tiempo de da cuenta que no hay amor, la
Biblia le dice que consienta en vivir junto con el incrédulo
si es que este así lo acepta y si no, que se separe pero que
se quede sin casar de nuevo.
“12Y
a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene
mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él,
no la abandone. 13Y si una mujer tiene marido que
no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo
abandone. 14Porque el marido incrédulo es
santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido;
pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras
que ahora son santos. 15Pero si el incrédulo se
separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana
sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos
llamó Dios. 16Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si
quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido,
si quizá harás salva a tu mujer? (1 Corintios 5:12-16)”
Es por todo esto mucho muy
importante para todos los Cristianos, el conocer la Palabra
y voluntad de Dios respecto a nuestras vidas en lo que se
refiere al amor de pareja. Para quienes permanecen solteros,
deben estar en permanente comunión con Dios a través de la
oración pidiendo por sus parejas y por la persona que será
su compañía de por vida. Los novios deben guardarse santos
uno para el otro y validar su amor con la palabra de Dios.
Ambos deben estar perfectamente seguros que se aman y que
están dispuestos a compartir sus vidas para siempre. Y para
quienes ya están casados deben permanecer puros uno para el
otro, y orar a Dios día a día pidiendo amor para el cónyuge
y que sea el Señor quien les mantenga unidos en amor por
siempre.
<:><bendiciones><:>
