1 Cor. 6:19-20: “¿O
ignoráis que vuestro
cuerpo es templo del
Espíritu Santo, el cual
está en vosotros, el
cual tenéis de Dios, y
que no sois vuestros?
Porque habéis sido
comprados por precio;”
En el
hecho de que el mundo
entero y toda persona le
pertenece a Dios, está
implícito que a El le
pertenecen todo el
dinero y todo el oro y
todas las piedras
preciosas y todas las
posesiones. Esto
significa que el pueblo
de Dios debe renunciar a
todas las demandas que
tiene para usar su
dinero a como le plazca,
debido a que lo que
ellos llaman como “Mi
dinero ganado duramente”
no es su dinero sino que
verdaderamente es de
Dios.
Así
que siendo de Dios el
dinero que está en
nuestro poder, debemos
ser muy cuidadosos en
usar Su dinero de la
forma que El quiere que
lo hagamos. Esta forma
de ver nuestro dinero
como realmente siendo de
Dios, es algo que pocos
Cristianos se dan cuenta
de que es cierto; sus
hábitos dispendiosos y
sus fallas en buscar a
Dios y en la forma que
usan su dinero muestran
que ellos todavía tienen
que renunciar a las
demandas que tienen
sobre el dinero que está
en su poder.
David es
un ejemplo brillante de
alguien que entendió que
todas las cosas en
nuestras vidas
pertenecen a Dios por lo
cual debemos usarlas
sabiamente en su
beneficio. Cuando daba
para la construcción del
templo, él declaró en
1 Crónicas 29:14-16:
“Pues todo es tuyo,
y de lo recibido de
tu mano te damos.
Porque nosotros,
extranjeros y
advenedizos somos
delante de ti, como
todos nuestros
padres; y nuestros
días sobre la
tierra, cual sombra
que no dura. Oh
Jehová Dios nuestro,
toda esta abundancia
que hemos preparado
para edificar casa a
tu santo nombre, de
tu mano es, y todo
es tuyo.”
Un
ejemplo más sobre el
hecho de que nuestro
dinero realmente es
dinero de Dios es
mostrado en Hechos 4:32,
que describe un modelo
de cómo los creyentes
deben manejar sus
posesiones y finanzas.
Aquí, las escrituras
declaran de la iglesia
terrenal que: “...y
ninguno decía ser suyo
propio nada de lo que
poseía, sino que tenían
todas las cosas en
común.” Los creyentes
habían abandonado todas
sus demandas y todos los
derechos sobre el dinero
y las posesiones que
ellos poseían y, por
consiguiente, estaban
dispuestos a
compartirlos al ser
guiados por Dios.
Luego, podemos ver
bíblicamente que todo en
la tierra, toda la gente
que está en ella, todas
las posesiones y todo el
dinero le pertenecen a
Dios. Dios nos ha dado,
sin pedir nada a cambio,
Su dinero a nosotros
para fomentar sus
propósitos en la tierra.
En consecuencia, así
como la iglesia
primitiva no reclamaba
la propiedad sobre Su
dinero o posesiones,
tampoco nosotros debemos
hacerlo, porque
finalmente todo
pertenece a Dios. El
está disponiendo del
dinero para desarrollar
madurez, administración
y un carácter como el de
Cristo en sus hijos, y
nos está llamando a
utilizar su dinero con
sabiduría.
Así
que, ¿puede usted decir
con sinceridad que usted
considera que sus
posesiones y dinero no
le pertenecen a usted
sino que a Dios? Si
usted puede hacerlo,
entonces usted
comprobará la gran
responsabilidad que
significa velar por el
dinero de Dios y ser un
administrador fiel.
Podría argumentarse que
Dios está más interesado
en tener hijos que son
administradores que
tener mocosos arruinados
y que el dinero que El
quiere colocar en
nuestra manos está
diseñado a desarrollar
el carácter mas que
mantenernos en una vida
de lujos. El dinero
llega parcialmente como
una prueba de Dios, y la
forma en que lo
manejemos demuestra en
gran medida la calidad
de nuestra relación con
El. Verdaderamente, ello
separa a los hombres
espirituales de los
niños.
El
punto final respecto a
la administración es que
debemos dar cuentas a
Dios por la forma en que
hemos hecho uso del
dinero – esto es
abordado en
1 Corintios 4:1-5.
Primeramente, dice en el
versículo 2: “Ahora
bien, se requiere de los
administradores, que
cada uno sea hallado
fiel.” Dios nos ha
otorgado Su dinero como
medio de desarrollar la
administración y la
hermandad entre sus
hijos y es por eso que
debemos ser cuidadosos y
diligentes en
utilizarlo.
Como
Dios ha invertido Su
dinero en nosotros, El
está esperando el
regreso de su inversión
y es una responsabilidad
respetable la que todos
tenemos de administrar
el Dinero de Dios para
El. Nosotros no estamos
administrando el dinero
de la forma que creemos
que es la mejor, sino
que en nuestra mente
debe estar establecido
con gran reverencia que
estamos administrando el
dinero de Dios en la
forma que El quiere.
En
Segundo término, dice en
el versículo 5: “Así
que, no juzguéis nada
antes de tiempo, hasta
que venga el Señor, el
cual aclarará también lo
oculto de las tinieblas,
y manifestará las
intenciones de los
corazones; y entonces
cada uno recibirá el
elogio de Dios”. Como
resultado de nuestra
administración
diligente, recibiremos
realmente el elogio de
Dios; una cosa es que
nos alabe un profesor,
un padre, una esposa o
un Pastor, pero ¿puede
usted siquiera
imaginarse la escena del
día del juicio cuando
Dios cante los elogios
de aquellos que han sido
buenos administradores
de sus regalos, unciones
y dinero?.
Lamentablemente, para
aquellos que no han sido
administradores
diligentes del dinero de
Dios, no lo tendrán a El
cantándoles sus elogios,
y no importando si han
sido Pastores, Ancianos,
Diáconos o Predicadores.
Si ellos no han sido
buenos administradores,
tendrán que enfrentar un
día de rendición de
cuentas.